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Pensar un proyecto estético ligado a las letras que surja de Los Simpsons, es al menos, divertido. La venganza de los delfines intenta ubicar un discurso en otro lugar, donde crece la ausencia del pensamiento, en esa carencia de ideología que genera cierta idea de diversión. Los escritores no son peces ni bufones, ni tienen habilidades especiales. Los delfines no escriben, ni tienen resentimiento, sólo buenas intenciones.
Cuando te descuides, los poetas se asoman en la Switch.
Una idea de Nº2
Palabras en un generador de caracteres sin sentimientos, con espacio para nueve letras, los bufones tipean con los cartílagos y pelean contra la ausencia de pensamiento. El papel es una pista de baile que incómoda como todo lo que hace pensar.
¿Qué tiene que ver Maradona con Mandrake?
¿Por qué los delfines se vengan?
¿Matisse es un jugador de fútbol?
¿Al mundial van los que ganan?
La venganza de los delfines
Experimento Switch
(Una idea absurda de Iván Ferreyra)
Es el turno de los bufones, de los malos copiadores, de los que miran detrás de las paredes, que escuchan la música que no desean pero no hacen para cambiarlo. Un delfín nunca ataca, excepto cuando lo cansas, y ese día es cuando vence la belleza. No hay sangre, hay tinta virtual de calamares paranoicos, esos que se regodean entre libros que nunca van a salir. Un mal cover, un buen momento.
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